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Hilo: Usuarios

El término usuario se utiliza en muchos contextos diferentes: Internet, bibliotecas, programas informáticos, sistemas operativos, aeropuertos, redes eléctricas...

En urbanismo el uso de la palabra usuario puede tener implicaciones políticas. Hablar de usuarios de una plaza o de la ciudad en vez de habitantes o ciudadanos podría sugerir limitaciones en las posibilidades de actuación en el espacio público, en la medida en que lo único que quedaría es el "uso" de un espacio previamente definido. Un espacio diseñado de antemano en el que los ciudadanos no pueden participar en su configuración porque les es dado sólo para un uso limitado. Estas ideas las expresó José Pérez de Lama, de Hackitectura en un debate celebrado recientemente: http://medialab-prado.es/article/visual … o_para_que

En cambio, en el ámbito de los museos y los centros de arte la noción de usuario es mejor valorada porque se vincula con una actitud más activa que la de visitante o espectador que se consideran formas más superficiales o pasivas. Sobre los derechos del usuario de los museos y centros de arte, el Instituto de Arte Contemporáneo (IAC) ha publicado un documento que se presentará el próximo día 10 en Medialab-Prado: http://www.iac.org.es/derechos_usuarios_junio2008.pdf

En la Red, donde los archivos están en permanente transformación, los usuarios son a la vez potenciales receptores y emisores de información. Los usuarios producen los contenidos y los clasifican, ya sea activamente a través de las palabras clave o etiquetas (folksonomías) o
a través del mero uso de las herramientas de búsqueda generando automáticamente información que sirve para crear un nuevo orden en el archivo. Así sucede en el sistema de libros recomendados que ofrece Amazon. También el registro de las búsquedas genera nuevas bases de datos con implicaciones tan asombrosas como las que empezamos a observar en aplicaciones como Google Flu Trends, un sistema sumamente eficaz en el que observando el aumento de búsquedas relacionadas con la gripe en una determinada zona se puede pronosticar el avance de la enfermedad. http://www.google.org/flutrends/

En la era de la información, en la que el archivo no está localizado en un lugar específico si no que es casi ubicuo, según Daniel Gª Andújar, podríamos decir que habitamos en el archivo. Si como decía Walter Benjamin "habitar es dejar huellas", la idea de habitar el archivo cobra sentido aunque las huellas, en este caso, sean digitales. Esto podría tener implicaciones políticas, en la medida en que algunos procesos abiertos (libres) que acontecen en la red, y no nos referimos precisamente a los ejemplos de Amazon o Google y sí al Software Libre o Wikipedia, se correspondan con las formas de crear los espacios públicos de las ciudades, en los que sus usuarios / habitantes tengan la posibilidad de acceder a los procesos de configuración de esos espacios. O dicho de otra manera, que las posibilidades de uso sean lo suficientemente amplias para permitir a los habitantes decidir en común nuevas condiciones para una vida mejor.

Re: Usuarios

Dado que el usuario es, obviamente, quien "hace uso de...", podría entenderse que somos todos usuarios, en la medida en que hacemos uso de todo aquello que corresponde a una necesidad.
Por otro lado, el usuario puede ser ciudadano, y así beneficiarse de una serie de derechos adquiridos por ley.
Sin embargo, ¿no debería hacerse una leve aclaración en torno a que, muy a menudo, el usuario es tal en cuanto susceptible cliente?. Quizá, todo el que tenga posibilidad de ser "usuario" de la Red -en tanto que herramienta necesaria- se encuentre dejando el rastro de sus navegaciones. También es verdad que, de algún modo, sus huellas podrían irse grabando inconscientemente como la circulación de los clientes en un gran centro comercial o, como es el caso, dentro de determinadas webs con sus propios archivos (Amazon), donde unos clientes se encuentran observando los mismos productos al mismo tiempo.
El usuario debería ser aquel que tenga capacidad, en la medida que en cada caso fuera posible, de tomar decisiones sobre aquello que tiene entre manos, con el fin de obtener un determinado resultado o producto. En referencia a los aspectos que contempla el documento del IAC, entiendo que el término "usuario" se aplica con intención de reconocer, por parte del público,  el "uso" del espacio diseñado para exponer las obras. En el caso de la Biblioteca Nacional, el visitante es quien sólo tiene derecho a acceder a la exposición; el lector es el "usuario" que tiene acceso a hacer uso de los libros que contiene la biblioteca. Quizá se trate, efectivamente, de hacer creer que porque el visitante de un museo es ahora un posible usuario, es que, de algún modo tiene mayor capacidad de actuación en él. ¿Es acaso así?  De qué modo el museo se convierte en herramienta: ¿qué genera el museo respecto al "usuario" vs. "espectador"?.

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Re: Usuarios

Un mismo objeto, plataforma, archivo o museo puede usarse de maneras muy diferentes. Es interesante observar cómo los usuarios o consumidores, muchas veces hacen usos no previstos por los fabricantes que los diseñaron.
Otro tema a tener en cuenta es ver en qué medida el sistema permite distintos niveles de implicación en los procesos. En el ámbito de software libre se habla del modelo de capas de cebolla para describir las diferentes maneras de participación en un proyecto: http://netart.iua.upf.edu/germinador/in … a_(L)_(es)

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Re: Usuarios

Si recogemos la consideración de Walter Benjamin que Marcos plantea en el primer post: "habitar es dejar huellas", y la relacionamos con el problema del espacio público que nos ha sido arrebatado y en el que el usuario es convertido en un mero transeúnte gestionado por los movimientos orientados a la máxima rentabilidad del tiempo y del consumo, nos damos cuenta de un asunto crucial. En la Red lo importante quizá no sea dejar huellas, sino más bien reconformar la propia dimensión comunicativa/afectiva. Es decir, pensado con cuidado nos damos cuenta de que la sentencia de Benjamin tiene lógica dentro de un determinado horizontes técnico y policial, en el que los métodos de control y seguimiento no han desarrollado aún todo su potencial. Sin embargo, en la Red, en la que los registros de los movimientos, de las solicitudes y de las trayectorias son trazadas en un mapa digital que no pierde detalle, quizá lo último que se debe reivindicar sea esa dimensión de huella. Es más, quizá hay que luchar y oponerse al registro de los trazos, pues lo que generan dichas marcas o rastros en la Red no es otra cosa que una regulación metapanóptica en la que cualquier movimiento, cualquier gusto, cualquier deseo, cualquier comunicación, discurso, opinión o esperanza queda registrada y puede ser utilizada para intensificar determinadas tendencias o cortarlas de raíz (policialmente).

En realidad, ¿no parece cada vez más evidente que la IP se está convirtiendo en nuestro auténtico DNI global? No sería extraño imaginar un tiempo próximo en el que a cada individuo se le conceda una IP personal con su nacimiento y que ésta sea añadida a cada ordenador que compre o utilice. De este modo, sus huellas en el "territorio" supuestamente democrático de la red quedarán digitalmente archivadas. ¿Podemos seguir defendiendo entonces una posibilidad del habitar como un dejar huellas? ¿Cabe entonces siquiera el concepto de habitar hoy en día? ¿Tenemos la potencia real de alterar de algún modo la noción de usuario para que no sea reconducida siempre y de forma inmediata a la condición de usufructuario?

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Re: Usuarios

Efectivamente, como bien sugiere Botibol, el museo tiende a «hacer creer que porque el visitante de un museo es ahora un posible usuario, es que, de algún modo tiene mayor capacidad de actuación en él». Es posible que haya que empezar a diferenciar aquellos casos en los que ésta práctica sucede enmascarada -como operación de poder hegemonizante- de aquellos en los que al menos existen indicios de autorreflexión y búsqueda de otras posibilidades.
Por mi parte considero que, aunque el ejemplo famoso que puso Baudrillard para analizar el fenómeno fuera el Beaubourg, es posible que aquí y ahora pudiéramos sonreír gratamente si nuestro Reinasofía tuviera una pequeñísima parte de la oferta de servicios de saber (y no me refiero a oferta cultural, sino a biblioteca, archivos, servicios telemáticos de investigación, etc.) que ofrece el centro parisino. La comparación con el Prado, podría ser desesperante.
Los museos siempre han sido instituciones legitimadoras de la identidad cultural de una clase social. La emergente burguesía del siglo XVIII  encontró en ellos un aparato imprescindible para autolegitimarse y promover su visión del mundo. Esta legitimación de identidad de clase, se apoyaba en una función social claramente definida: conservar y difundir una memoria colectiva, hasta entonces usufructuada exclusivamente por parte de la nobleza y la aristocracia. Desaparecida esa funcionalidad, el museo expande sus registros para imponer esa visión del mundo a toda la sociedad. Cuando la propia clase social que alentó su formación y crecimiento tiende a desaparecer subsumida en una masa social identificada únicamente por las mercancías que consume, el museo expulsa de sus salas a diletantes, connosieurs, sabios o estudiosos, para sustituirlos por la multitud. Mientras los unos «usaban» las obras de arte para fines diversos, la multitud únicamente está capacitada para consumir la mercancía que se le presenta. De hecho, cada vez resulta más difícil investigar en un museo, y las decisiones sobre la autoría de obras o la relación del museo con el mundo académico, adoptan cada vez con menor pudor las formas de la comunicación mediática.
Habría que concluir que, el usuario/espectador es para el museo, un mero consumidor de bienes simbólicos convertidos en mercancía. Y el museo es para la multitud de usuarios/consumidores, una institución legitimadora de regímenes sociales.
j.v.